
Pablo C. DÍAZ134
tiandad
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, y se han establecido paralelamente los rituales que definen
la actividad del viajero una vez llegado a la misma. Nada se improvisa o
se descubre, todo está sometido a unas pautas y unos ritmos que el
viajero asume. Himnos, salmos, responsorios, antífonas y oraciones,
bendiciones, besamanos, procesiones, ocupan todos los días de la
semana en la iglesia de la Anástasis; lámparas de vidrio, faroles de
cera e incensarios rodean a obispo, clérigos, monjes y fieles. Cere-
monias que adquieren un especial énfasis el domingo. En cuanto las
puertas de la basílica se abren la muchedumbre entra a tropel,
«entonces, el obispo, que está de pié dentro de los canceles, toma el
evangelio, se dirige a la puerta y él mismo lee la resurrección del Señor.
Apenas comienza a leer, todos prorrumpen en tales rugidos, sollozos y
lágrimas, que ni el más duro puede dejar de llorar al ver que el Señor
sufrió tanto por nosotros. Leído el evangelio, sale el obispo y es llevado
cantando himnos a la Cruz, con el va todo el pueblo […] Cada día, los
presbíteros y diáconos se turnan con el pueblo para hacer guardia en
la Anastasis. También entre los fieles, hombres y mujeres, los que
quieren se quedan en el lugar hasta el amanecer; los que no quieren,
vuelven a sus casas para descansar durmiendo»
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.
El ceremonial dominical de la Anástasis incluye liturgias am-
bulatorias dentro de todo el área sacra, la iglesia sobre el sepulcro, la
Cruz y la basílica del Gólgota que está detrás de aquella y que, re-
cuerda Egeria, fue la iglesia mayor que hizo Constantino. Egeria re-
coge detalladamente los recorridos de la liturgia estacional, cuya prin-
cipal escenificación seguiría el recorrido de Cristo hacia el Calvario y
la tumba, que era el camino a la resurrección
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.
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Cf. C. García del Valle, Jerusalén, la liturgia de la Iglesia madre, Barce-
lona, 2001; S. Verhelst, The Liturgy of Jerusalem in the Byzantine Period, en Chris-
tians and Christianity in the Holy Land, ed. O. Limor, G. G. Stroumsa, 421-462.
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Itinerarium Egeriae 24, 10-11, ed. P. Maraval, 244. Traducción A. Arce, 263.
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Cf. G. Kretschmar, Festkalender und Memorialstätten Jerusalems in alt-
kirchlicher Zeit, ZPalV, 87, 1971, 167-205; J. F. Baldovin, The Urban Character of
Christian Worship. The Origins, Development and Meaning of Stational Liturgy,
Roma, 1987, 282-284. El fenómeno no fue exclusivo de Jerusalén, se asocia en es-
pecial con lugares donde acudían peregrinos, y se extendería especialmente donde
se conmemoraban itinerarios sagrados, que en el caso de los mártires tendían a re-
producir igualmente, cuando se había conservado su memoria, el camino que este
habría seguido hasta el cadalso. Cf. C. Heitz, Architecture et liturgie processionalle
à l’époque prèromane, Revue de l’Art, 24, 1974, 30-37; V. Saxer, L’Utilisation par
la liturgie de l’espace urbain et suburbain; l’exemple de Rome dans l’Antiquité et le
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